De
nuevo el corcel aprieta el paso,
con
tormentosa angustia
mueve
los pesos que caen,
intentan
someterle.
Ajustados
al cuello lastiman,
—dolor—
que no soporto.
Aquel
salvaje, me arrastra,
he
dejado de cabalgar en él.
Sus
huellas ensangrentadas
me
bañan… obstinado lucha,
(yo
con miedo)
sin
recompensa ni consuelo
encadenado
a peso muerto;
espero se detenga,
te
alcance, o muera.
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