El violín, que desde el
vientre se ahoga;
y la melodía
desprovista de inmunidad
por el llanto del músico furioso.
Violín, violín chillando,
mira el mar que divergente
azota los barcos encallados.
(Le esperan...);
la música desde su sexo, es
el hedor más tenue de
la misericordia.
Astillado, macerado,
casi destruido, con sus cuerdas
dobladas en el fin.
Fijan el lamento...
Violín, querido violín,
diluye las partituras
en el mar helado, en las rocas
que te despedazan.
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