Cuando empieza
se mantiene de agua, de
pan duro,
se extiende al estómago
rasgando desde dentro.
En un momento
su ser líbido se agita
—matándote—
Liberado en aquel orgasmo,
exprime lágrimas de
ojos que secos,
no podían llorar.
¡Tú!
tan indefenso,
expuesto a la duda, al
asombro de no
sentir más dolor.
Es ahí
cuando el alma también sufre.
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